sábado, 28 de enero de 2012

Los primeros rayos de sol asomaban por mi ventana, y los primeros cantos de los pájaros adornaban la mañana. No pude evitar llamarte. Y a pesar de ello, no me atreví a pedirte lo que quería, escuchar tu voz.



Escuchar tu voz contándome como caía el Sol en la playa de Monterey, contándome como los rayos del sol que tanto adornan tu cara, iban desapareciendo. Como tus ojos eran los míos por un segundo y podía ver en el horizonte los últimos tonos dorados con los que se despedía el día.


Y no te lo pedí, porque realmente no habría sido sincero, no quería ver el atardecer, no quería escuchar tu voz. Tan sólo quería tus palabras. Daba igual que fueran tuyas. El dueño y el destinatario eran indiferentes. Sólo eran palabras que poco significaban si no dicen lo que queremos escuchar.


Colgué, definitivamente no quería escucharlas. Si esas palabras no iban a llevarme a tu lado poco me importaba escucharlas. Por eso quizás no recuerdes mi llamada.  

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